Manuel Atienza advirtió en Funglode que ante la proliferación de las falacias, hay que aprender a argumentar para combatirlas con criterio, sin incurrir en ellas

Manuel Atienza Rodríguez, doctor en derecho y director del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alicante, de España, disertó en Funglode sobre «La guerra de las falacias y los medios de comunicación”, este jueves 17 de noviembre de 2022.

SANTO DOMINGO .- Argumentar o contradecir una posición política, religiosa o de cualquier ámbito, demanda la capacidad de aceptar las diferencias de pareceres, para no incurrir en falacias. El filósofo español Manuel Atienza compartió sus reflexiones sobre el tema en la conferencia que ofreció en la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) sobre «La guerra de las falacias y los medios de comunicación”.

Doctor en Derecho y director del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alicante, en España, Atienza compartió en su exposición segmentos de su obra “La guerra de las falacias. Cómo hacer frente a los malos argumentos en la esfera pública”.

Aunque precisó que las falacias existen desde la antigüedad, como evidencian los textos de Sócrates y Platón, tienen mucha vigencia en el siglo XXI, con la irrupción de las redes sociales.

Marco Herrera, director ejecutivo de Funglode, presentó al abogado y filósofo ponderando su aporte en el país, con un tema de mucha actualidad, que permite entender lo que son las falacias y los criterios a tomar en cuenta para identificarlas.

Las redes sociales son un caldo de cultivo para las falacias, dejó evidenciado el filósofo, quien advirtió que en esas plataformas la argumentación que acepta criterios diferentes no prolifera y aleja a los jóvenes que consumen sus contenidos del pensamiento crítico.

Las fake news son “falacias groseras”, enfatizó el director de la Revista Doxa y del Observatorio Doxa de Argumentación Jurídica para el mundo Latinoamericano.

Lamentó la afición al “ruido” en la sociedad actual, subrayando que éste suele ir unido a la “desafección al diálogo racional”.

Solo el fanático o el atolondrado imagina que la tolerancia no tiene límites, dice en su obra, en el apartado que hace referencia a los hechos violentos que generó en Francia la publicación en una revista de las caricaturas de Mahoma.

Argumentar bien implica ser capaz de detectar las falacias, los sofismas, y aportar nuevos explicaciones y razonamientos en un debate. Y darse cuenta de quien se sale del punto de la discusión o planteamiento, lo hace para insistir en su estrategia discursiva falaz.

Atienza advierte en su libro la tendencia o propensión a cometer falacias que caracteriza a los políticos, periodistas, eclesiásticos y hombres públicos, en general.

Como estudioso del tema, el jurista se ha dedicado a recopilar contenidos periodísticos que han llenado lo que denominó el “cajón de las falacias”.

El abogado y filósofo ha escrito un decálogo que ofrece en su obra, a modo de reglas, consejos y reflexiones breves que pudieran ser útiles para que en un debate o conversación el uso de la razón prevalezca, y evitar incurrir en falacias. En la conferencia compartió parte de éste.

“Los argumentos falaces no son los que van en contra de nuestros intereses o los que, sencillamente, no nos gustan. Puesto que no es difícil cometer falacias, hay que ser muy cauto a la hora de identificarlas, dice en el inicio de sus recomendaciones.

Según Atienza, las falacias, los malos argumentos que parecen buenos, envuelven en ocasiones errores lógicos en sentido estricto. Pero siempre -al menos siempre que son peligrosas- presuponen alguna concepción inaceptable en materia moral o política.

Los malos argumentos que parecen buenos demandan de educación y capacidad para confrontarlos con éxito, indicó, para agregar que no hay que partir del hecho de que el otro está razonando bien.

“Una falacia no se combate con otra”. Hay que argumentar con razonamientos que evidencien la argumentación que busca engañar o convencer con falsedades, según el reputado abogado y escritor.

Los que generan las falacias tiene que ver con los intereses de quienes incurren en ella, dijo también. Y enfatizó que es importante aprender a argumentar para refutar una falacia.

Se refirió al hecho de que los jóvenes consumen cada vez más contenido noticioso a través de las redes sociales y esto reduce o limita el acceso a opiniones diferentes, al conocimiento crítico que permite debatir con criterios diferentes, con tolerancia.

Vivimos en una sociedad de rebaño, en la que muchos optan por sumarse a los criterios de otros, comentó en otro momento de su intervención.

Tenemos que vivir con discrepancias sobre temas tan complejos como el aborto, afirmó, igualmente. Hay que llegar a consensos en temas que como ese generan opiniones a favor y en contra, indicó. A la vez apeló a la necesidad de ser razonable cuando se contrargumenta.

Manifestó que muchas veces se argumenta mal por no tener todos los elementos y contextos sobre lo que se opina

Ha escrito y lo manifestó en su intervención, que para combatir con éxito las falacias no basta con revisar si los pasos de una argumentación, las inferencias, son o no aceptables, sino que hay que preguntarse también por las premisas de las que parte la otra persona.

Recordó, también como parte de su decálogo, que los teóricos de la guerra justa solían distinguir entre el ius ad bellum (el derecho a hacer la guerra cuando existe una causa justa, y el ius in bello, las reglas que rigen el desarrollo de la guerra. En el contexto hace referencia a las reglas que rigen el trato a los prisioneros.

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