Santo Domingo, 23 de enero de 2015. América Latina no sólo puede recibir dentro del proceso inevitable de la globalización, sino que también puede aportar, porque tiene experiencias importantes que compartir, planteó Ernesto Ottone, asesor de la presidenta Michelle Bachelet, y ex director ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), a modo de introducción, para marcar el punto de partida de las reflexiones.
La complejidad de los problemas de larga data que afronta Latinoamérica, como los que se derivan de las desigualdades sociales, pobres rendimientos educativos, y una “ultraviolencia contemporánea que destruye la acción social”, tiene méritos que mostrar como signos de avance inequívocos. Entre estos destacaron las regulaciones financieras que le permitieron enfrentar mejor que Europa, incluso, la crisis mundial iniciada en 2008, el hecho de que en la región se puede afirmar que no se muere de hambre, en sentido general, y que nadie mate en nombre de Dios.
Con el expresidente de la República y presidente de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode), Leonel Fernández, como anfitrión, las jornadas buscaron respuestas las preguntas que se respondieron en igual número de paneles: “¿Hacia dónde van las ciencias sociales? Desafíos teóricos y metodológicos. Pensar global. Las ciencias sociales en la era numérica”, “Las nuevas realidades políticas en Europa y en América Latina: diferencias y semejanzas” y “Violencia, memoria, derechos humanos y movimientos sociales”.
Con Fernández compartieron el escenario Laura Faxas, embajadora de la Republica Dominicana ante la UNESCO; Fernando Calderón, ex director del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO); Carlos Guerrero, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Gregory Elacqua, director del Instituto de Políticas Públicas de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales, de Chile; Yvon Lebot, sociólogo francés, especialista en América Latina; Ernesto Selman, vice presidente del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES); y Marco Herrera, director ejecutivo de Funglode.
La actividad fue organizada por Funglode y la Cátedra UNESCO sobre Ciencias sociales y Políticas y el Collège d’études mondiales/FMSH, de París.
Ottone puso la nota optimista sobre América Latina, con la salvedad que no se quedaba en la autocomplacencia, ni dejaba atrás los problemas complejos que enfrenta la región, pero si resaltando que “no es banal el hecho” de que en el marco de la globalización, tanto como pedir cosas, pueda aportar, pueda mostrar logros.
Elacqua corroboró la visión optimista desde el campo de la educación. Ponderó el avance en la inversión en infraestructura y los parámetros de calidad en alce que exhibe la región, aunque también puso de relieve que en materia de reforma educativa toca ir más allá de poner efectivo. Comparó el hecho de que los alumnos de las escuelas más adineradas de Chile tienen menos rendimiento educativo que los estudiantes de los centros educativos más pobres de Shangai.
Calderón planteó, por su lado, que América Latina vive simultáneamente dos realidades. Porque mientras registra crecimientos importantes en su economía, sigue enfrentando el problema de la pobreza y la desigualdad. Brasil fue su ejemplo, al destacar que han reducido en 40 millones el número de pobres, y, sin embargo, “es un ejemplo de cómo convive la sociedad pre-moderna con la sociedad de la información y la comunicación”.
Le Bot enfocó parte de sus intervenciones en su especialización: la violencia, principalmente desde la realidad mexicana, para subrayar que la novedad en el campo no es que exista, sino es la forma en que se vincula ahora con el terrorismo, la migración y el narcotráfico. Es también, relativamente nuevo, matizó, “el exhibicionismo sanguinario al servicio del terror”.
Wieviorka se refirió a los nuevos perfiles del terrorismo, su dimensión más allá de lo planetario, a partir de una evolución que tuvo como punto de inflexión el 11 de septiembre de 2001.
Los recientes actos terroristas que tuvieron escenario a París los analizó estableciendo una relación directa con la migración que generó el país a partir de un cambio de modelo económico industrial, en el que ya no necesitaba como antes de mano de obra calificada. Los suburbios se convirtieron en hogar de los que no tienen trabajo, y los terroristas de hoy son hijos de esta realidad, contó. Es la gente que no integró a la nueva sociedad francesa, argumentó.
Faxas compartió en su intervención su visión sobre los movimientos sociales que tienen como protagonistas a jóvenes de clase media y alta en República Dominicana. “Se trata de movimientos o acciones coyunturales, como una respuesta a la violación de derechos, enfocados en luchas reinvidicativas, como respuesta a la coyuntura”, dijo. Y recalcó su
Leonel Fernández se refirió al reto que tiene América Latina de crecer con un nuevo modelo educativo para una nueva sociedad. Enseñar qué, enseñar cómo y enseñar para qué son preguntas en la que, sostuvo, todavía la región está estancada, porque en el fondo el tema de la educación es el tema de la transición de un modelo de sociedad a otro que va a exigir un modelo de educación diferente.
En América Latina, como en el mundo, el modelo educativo que hemos tenido es el que se corresponde con el modelo de una sociedad industrial, pero el pasar ahora o estar en transito hacia una sociedad de la información y el conocimiento requeriría un sistema de una filosofía educativa acorde con la sociedad de la información y el conocimiento, argumentó.