(Santo Domingo, 28 de julio de 2015).- El embajador Alberto Emilio Despradel Cabral manifestó que en el marco de lo que denominó la “Diplomacia de la democracia”, y tomando en cuenta razones históricas y geográficas, las relaciones entre la República Dominicana y Haití, deben sustentarse en el compromiso de vivir en paz y respeto mutuo.
Son dos pueblos obligados a asumir el ineludible compromiso de que reine en ellos la justicia social y la inclusión ciudadana, argumentó el historiador, especialista en asuntos haitianos y exembajador dominicano en Haití.
Despradel Cabral ofreció una disertación magistral, dirigida a estudiantes de la maestría en Relaciones Internacionales que imparte el Instituto Global de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Iglobal), con el tema “Las relaciones entre República Dominicana y Haití: Marco histórico y contemporáneo”. La actividad fue organizada por el Consejo Dominicano de Relaciones Internacionales (CDRI), una iniciativa de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode).
El diplomático consideró que el programa de regularización ha sido utilizado con fines políticos electorales en Haití, “lo que desfavorece el buen funcionamiento de la propuesta fundamental de la diplomacia de la democracia que desde hace casi dos décadas promueven los gobiernos que han dirigido los destinos dominicanos”.
Resaló que el gobierno de Danilo Medina, asumiendo la nueva visión de las relaciones internacionales, siguió ampliando los alcances de la diplomacia de la democracia, que se iniciaron en el país en 1978.
La sentencia TC168-13 abrió una etapa que vivimos hasta el momento, en la que el tema migratorio, la regularización de extranjeros en situación migratoria irregular y las dificultades de los ciudadanos haitianos de dotarse de documentos de su país, han generado serias tensiones en las relaciones de los dos Estados, dijo el embajador.
En su condición de especialista, el diplomático abordó con detalles el camino recorrido por la política exterior dominicana en las relaciones con el vecino Haití y las etapas por la que ha transitado hasta llegar a la actualidad.
Recordó que las relaciones domínico-haitianas se inician en el 27 de febrero de 1844, cuando las élites dominicanas, unifican sus criterios y deciden romper los vínculos que unían los departamentos de Ozama y Cibao con la República de Haití.
Identificó cuatro etapas, desde entonces: Las confrontaciones armadas, que abarcan las cuatro campañas militares acaecidas entre 1844 y1855; la tregua y Guerra de la Restauración, que se extiende de 1855 a 1874; el reconocimiento de la República Dominicana sin definir el trazado fronterizo, que se inicia en 1874 y termina en 1929. Una última etapa se desarrolla desde 1929 hasta la actualidad, 2015.
“La diplomacia de la dictadura” fue, según Despradel Cabral, la primera fase de esta última etapa, la cual se inició con el ascenso al poder de Rafael Leónidas Trujillo, en 1930. Una primera etapa –de 1930 a 1937, fue de “fraternidad”, dijo, para apuntar: “Trujillo desarrolló una política de definición del trazado fronterizo que consolidó el acuerdo Vázquez-Borno de 1929. Para asegurar así las posibilidades del control de la región fronteriza dominico haitiana, intensificando la presencia del Estado”.
Entre 1937 y 1961 tiene lugar la etapa de “confrontación y recelos”, recuerda, con el dato de que la dictadura produce la masacre de negros haitianos y dominicanos, ejecutada en la región norte de la frontera dominico haitiana y en los campos de Puerto Plata, la Línea Noroeste, Santiago y La Vega.
La instalación en el poder de Joaquín Balaguer dio lugar a la “Diplomacia de la transición”, que el embajador sitúa entre 1961 y 1978. Como opción conservadora liberal de la dictadura, tanto Balaguer como los otros mandatarios durante el período, Rafael Bonnelly, Donald Read Cabral y Antonio Imbert, manejaron las relaciones dominico-haitianas, con los fundamentos de la diplomacia de la dictadura, mientras se hacía la transición hacia la construcción de la democracia, argumentó Despradel Cabral, y resaltó las dos excepciones que constituyeron los gobiernos de Juan Bosch y Francisco Alberto Caamaño.
En su exposición, el embajador también abordó las relaciones desde la perspectiva haitiana, con enfoques sobre los años de dictadura en el vecino país; el rol que jugaron presidentes como Jean Bertrand Aristide, así como también la participación que en momentos de crisis tuvieron la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA).
Primer gobierno de Leonel, el mandato de Hipólito y los otros períodos de Leonel en las relaciones domínico-haitianas
Despradel también dedicó parte de su disertación al primer gobierno de Leonel Fernández (1996-2000) para destacar que implementó políticas innovadoras en sus relaciones con Haití. “Con la designación como canciller de Eduardo Latorre, profesional de la diplomacia y siguiendo las orientaciones del jefe de Estado, se promovió un cambio significativo en la política exterior dominicana, con una nueva visión de diálogo y transparencia”, dijo, para agregar que en 1998 Fernández viajó a Haití, en lo que fue la primera visita de un presidente dominicano desde 1936.
Entonces, se modificaron las actitudes tradicionales de distancia y desconfianza y se dinamizaron los trabajos de la Comisión Mixta Bilateral, donde se conocieron los principales temas de la agenda dominico-haitiana, rememoró.
Con Hipólito Mejía como presidente, del 2000 al 2004, continuó, dijo, la orientación de la política exterior implementada por su predecesor. “Se puede decir que se consolida en ese mandato, la diplomacia de la democracia”, agregó, “a pesar de la etapa de inestabilidad política y social vivida en Haití, durante el segundo mandato del presidente Aristide”.
Con el regreso al poder de Fernández, en 2004, y la gestión de los presidentes haitianos René Preval y Michel Martelly, las instancias de dialogo de la Comisión Mixta Bilateral avanzaron de manera contundente, manifestó el diplomático.
Y recordó que el terremoto del 2010 que afectó a Haití, “permitió que se evaluara en la práctica los fundamentos de la nueva diplomacia dominicana”, porque. Haití, en ese momento “recibió de la República Dominicana un respaldo masivo y efectivo”.
Para Despradel Cabral, la donación de la Universidad Roi Henri Christophe, es la más significativa expresión de las relaciones dominicanas con Haití.
Despradel Cabral es egresado de la Escuela de Ciencias Políticas y Diplomacia de la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica. Es un diplomático de carrera con larga experiencia en el servicio internacional dominicano, ocupando entre otras posiciones las de Embajador de la República Dominicana en El Salvador, en Japón y en Haití.
Ha publicado los libros “Historia de la República Dominicana”, “La provincia de San Cristóbal: estudio socioeconómico”, “La misión diplomática dominicana en la China Continental”, “San Cristóbal y su historia”, “La migración japonesa hacia la República Dominicana”, “Peña Gómez en la sociedad haitiana y Las relaciones dominico-haitianas”.
Junto a Miguel Reyes Sánchez ha publicado los libros “Historia de las relaciones domínico-haitianas”, y “Toussaint: el libertador de los negros”.
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