La académica Karen Cerón criticó los desaciertos de la políticas represivas conducidas por los Estados en contra de las pandillas conocidas como las maras, las cuales, dijo, han resultado contraproducentes porque no resuelven el problema que sustenta el auge de las pandillas: la inequidad social y la disfunción familiar.
La investigadora de la Universidad del Rosario, de Colombia, compartió en el Auditorio de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) la tesis que desarrolló con la dirección del profesor Roddy Brett, con el tema “¿Hijos de la Guerra o Huérfanos del Estado?”. El estudio fue abordado bajo las características particulares del Estado y del contexto guatemalteco.
La investigadora estableció que las maras se han nutrido de problemáticas estructurales como la desigualdad y la marginalización; de debilidades institucionales como la impunidad y la corrupción; de falencias al interior del núcleo familiar, como el maltrato; así como de las decisiones de quienes las conforman consolidando carreras delincuenciales y violentas.
En su conferencia compartió su visión plasmada en el estudio sobre la necesidad de que se abandone el excesivo uso de la política de mano dura y se profundice en medidas preventivas y de inversión social.
A nivel del Estado, la autora propuso una reforma fiscal progresiva para aumentar los recursos del mismo y consolidar la capacidad del sistema de justicia de Guatemala, con la incorporación de las recomendaciones de la Comisión contra la Impunidad de las Naciones Unidas.
Subrayó el papel activo de las organizaciones civiles que se encargan de proponer actividades preventivas, a través de actividades de rehabilitación, reinserción y capacitación, proporcionando oportunidades educativas y laborales.
Según la autora, es necesario fomentar más coordinación entre los diferentes actores que intentan contrarrestar la problemática y apoyar el trabajo conjunto de la sociedad, del Estado y de los jóvenes tanto organizados como no organizados para co-crear una estrategia de prevención e intervención en el fenómeno.
En palabras de Cerón, “estos jóvenes marginados, entonces, más allá de ser hijos de la guerra son huérfanos indiscutibles del Estado, de un Estado débil, ausente y poroso, de un Estado que representa los intereses de un sector limitado pero no de la mayoría de los ciudadanos”.
Nathanael Concepción, director del Observatorio Político Dominicano (OPD) de Funglode, presentó a la investigadora. Tras su exposición, Josefina Reynoso, directora del Centro de Seguridad y Defensa (CESEDE) de Funglode, comentó la intervención y puso en contexto la realidad dominicana.
Qué son las maras
Se entiende por maras a aquellas agrupaciones juveniles, para algunos autores de tipo trasnacional, en constante cambio y evolución (hacia mayores niveles de sofisticación y profesionalización) cuyo origen, según algunos analistas, se presentó en Los Ángeles, EEUU y quienes se caracterizan por el uso frecuente e indiscriminado de actos delictivos, llegando a una cierta sistematización de los hechos violentos que pueden alcanzar un nivel de brutalidad, convirtiendo la criminalidad en su modus vivendi. Finalmente, utilizan un lenguaje particular, usan señas, tatuajes y graffitis.
El estudio “¿Hijos de la Guerra o Huérfanos del Estado caracteriza el fenómeno de las maras en el contexto guatemalteco, escudriñando la naturaleza de su violencia. La investigación analiza la violencia juvenil considerando el legado de las dictaduras y del conflicto armado en Guatemala, relacionándola con las problemáticas estructurales e institucionales, y la forma cómo los agentes sociales que hacen parte de las maras reproducen el fenómeno.
La tesis de Cerón revisa también las respuestas gubernamentales y no gubernamentales para enfrentar este problema, resaltando sus aciertos y desaciertos.
El fenómeno de las maras impacta a Centroamérica de tal manera, argumentó la investigadora, que obstaculiza el desarrollo de una región que cuenta con un gran potencial, pero que hasta la fecha sigue perturbada por sus históricas problemáticas: una desigualdad imperante, un clima de violencia generalizado y una profunda crisis en materia de seguridad y legitimidad.
Con una tasa de homicidios entre las más altas del mundo, Guatemala, indicó, cuenta con un entorno particularmente propicio para el análisis del fenómeno. Tras 36 años de un conflicto interno armado de larga duración caracterizado por la violencia estatal y un saldo de más de 200.000 víctimas, las causas estructurales permanecen, tal el caso de la concentración de la riqueza en manos de una minoría, la exclusión y la degeneración del tejido social.
Explicó que dicha situación dejó graves secuelas en la población guatemalteca a medida en que la violencia se enraizó como práctica común para los diferentes grupos de poder, ex paramilitares, comités de seguridad local y pandillas, entre otros. “Es en este contexto en el que se llevan a cabo las acciones violentas y delictivas de las maras guatemaltecas”, agregó.
Con vistas a ofrecer una perspectiva única del funcionamiento diario y de las particularidades de estas pandillas, la autora hizo un valiente trabajo de campo en un contexto delicado, a través de entrevistas con ex mareros, voceros de instituciones del gobierno así como miembros de organizaciones de la sociedad civil en Guatemala, representativas de un marco metodológico transdisciplinario heredero de la sociología y la antropología.
De esta manera, la autora ofreció un amplio análisis del fenómeno poniendo énfasis en la importancia de los conceptos de violencia cultural, estructural y directa aplicables en ese país, así como también argumenta que los factores causales de la violencia guatemalteca se encuentran en los procesos inconclusos de reconstrucción post-conflicto en dicho contexto. Es así como este trabajo intenta proporcionar un amplio marco ligado a los factores históricos y políticos que permitieron el surgimiento y evolución del fenómeno.
La tesis se distingue por la contextualización de la violencia con miras a sugerir ambiciosas reformas que reviertan el fenómeno de las maras frente a los fallos de la respuesta gubernamental. En primera instancia, de cara al legado del conflicto armado interno, resultará necesario llevar a cabo un proceso de rehabilitación, reestructuración y reconstrucción en paralelo a la reparación de las víctimas. En términos de políticas públicas, la autora concluye que la violencia no puede ser resuelta sin contrarrestar los problemas estructurales del país: altos niveles de pobreza, desigualdad y exclusión, la falta de educación y el alto desempleo