“Hay que revisar el Código Procesal Penal antes de que haya ocho o diez pobladas sociales”

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(Santo Domingo, 19 de agosto de 2011). Marino Vinicio Castillo inauguró con una disertación en la que habló de algunos momentos y anécdotas de su vida y con un llamado a revisar el Código Procesal Penal las Cátedras de Liderazgo Profesional de FUNGLODE, una nueva iniciativa llamada a complementar las consolidadas Cátedras de Liderazgo Empresarial.

El abogado y asesor del Poder Ejecutivo en materia de drogas, siguió durante su intervención las pautas de orientación para la actividad que le había indicado la moderadora, la también abogada Laura Castellanos, colaboradora de FUNGLODE, en los días previo a la conferencia para hablar de sus inicios, sus momentos clave, su vivencias en el mundo del Derecho. Pero también abandonó el guión para reclamar la revisión de un código que valoró como muy bueno, pero no apto para la realidad dominicana.

Comenzó su intervención recordando sus años de primaria, huérfano de padre, en la Escuela República de El Salvador en su natal San Francisco de Macorís. Allí, ganó un concurso de oratoria con motivo del día de las madres y por ello fue reconocido por el ayuntamiento de la localidad. “Cuando a mí me tocó ser reconocido, se suponía que iba a leer mi trabajo y, de repente, lo puse de lado y dije que para hablar de mi madre no necesitaba papel. Un atrevimiento de un niño de 10 años”.

Alguien en la sala que había conocido a su padre, quien había muerto en 1931 en el exilio, en Francia, y dijo que Marino Vinicio Castillo era “exactamente como su padre”. El jurista afirmó que era la primera vez que “oí una referencia potente de mi padre como abogado de forma pública. Mi mamá decía que yo nací abogado porque desde los tres o cuatro años defendía la causa de sus hermanos mayores. Quizá esto ayuda a entender desde qué tiempo venía yo configurado como posible abogado”.

Años después, en 1976, “cuando inauguramos la planta física de la oficina fundada por mi padre en 1901, un amigo me dijo que tenía que decir algo, poner una placa… y preparé unas modestas prosas que les voy a leer. ¨En verdad padre, no conozco la alegría ni el rostro de la suerte. Año que tengo de vida año que cumple tu muerte. En la orfandad me marcó la tristeza, me oprimió la solidar, amarga, interior y fuerte, de llorarte sin lágrimas, sólo con gestos, porque te perdí antes de tenerte. Tengo que imaginarte, reconstruirte, lanzarme en la oscuridad de los recursos… Ha sido un viacrucis de ausencia y soledades… “, continuó Castillo.

Llegó el turno de hablar de sus maestros, a quienes agradeció su dedicación para que aprendieran los contenidos de las materias. “Mi eterna gratitud a todos”, incluido Pedro Mir. Mencionó otros nombres de la universidad, como Hipólito Herrera. “Quizá, lo más importante era su empeño por enseñar, sin egoísmo. Muchos hacían una relación casi personal con nosotros. Una experiencia de cinco años inolvidable”.

Tuvo referencias para las dificultades para aprender durante la dictadura y para ejercer posteriormente. Y contó una anécdota al respecto. “Damián Báez, que había sido un fiscal espectacular en su juventud, enseñaba Derecho Penal Especial en el segundo curso. Había un muchacho de San Juan muy inquieto, que por desgracia, se perdió después, que un día le dijo: ¨¿Por qué usted comienza su programa a partir del artículo de crímenes y delitos contra particulares y no recibimos formación de lo mismo contra la cosa pública? El profesor se quedó mirándolo y le dijo: ¨Por ustedes, por su seguridad. No quiero exponerles¨. Lo dijo de forma tan tajante que era una manera de expresar una protesta dolorosa, de decir “joven, ¿no te das cuenta del Estado en el que vivimos?”.

Al referirse al ejercicio del Derecho en tribunales, Marino Vinicio Castillo afirmó que “el régimen tenía un aparato judicial que, si los asuntos que le eran sometidos no tenían vinculación alguna con la política o con el patrimonio del Jefe Supremo del Estado, su trabajo era impecable. Tratando los conflictos entre particulares, los tribunales y cortes eran verdaderos ejemplos”.

Mencionó algunas desgracias de otros tiempos, como cuando la ideología llegó a las escuelas públicas, “ y ahí nació la enseñanza privada que ha creado dos naciones. Eso fue una desgracia. Otra, la salud, con la llegada de la medicina privada se fue haciendo privativo el acceso de la población a la salud. Otra, el desgaste de la experiencia judicial. El Estado no tuvo interés en preservar ese poder. Hasta papel tuvimos que llevar para redactar la sentencia porque no había papel para ello. Había jueces serios sin apoyo. Por eso, entre los múltiples reconocimientos que le hará la posteridad al Presidente (Leonel Fernández), uno será el esfuerzo de fortalecer y prestigiar el Poder Judicial entre nosotros”.

Y ya entrando en la recta final de su disertación, comenzaron sus cuestionamientos para la época actual, en la que se vive con libertades absolutas, una constitución ejemplar, un código procesal penal muy bueno… “pero que sin otras herramientas necesarias y situaciones necesarias han llevado a la sociedad al miedo y la inseguridad”.

Entonces, pidió que la revisión del código “antes de que haya ocho o diez pobladas sociales. Su aplicación va a terminar en decepción y conflicto. Disfrutamos de un régimen liberal, democrático, con todas las garantías… pero hay que bajar a la parte dura, la vida, qué ocurre en la familia, en la realidad, y no aferrarse a las garantías extremas, modernizaciones formidables sin mirar para atrás”.

En su comentario, Juan Antonio Delgado, jurista, dijo que Castillo “es un paradigma, un maestro para las generaciones de profesionales que le vienen siguiendo y han podido beber el agua de sus conocimiento”. Tras leer algunas opiniones que otros habían vertido sobre él, Delgado se sumo a la idea de revisar el Código Procesal Penal y propuso que sea FUNGLODE donde comience el proceso de discusión.

Intervención del Presidente Fernández

Al final de la actividad, el Presidente Leonel Fernández pidió la palabra para hablar. “Pienso que esta ovación que se le hizo al final de su intervención es una reconocimiento al maestro, una categoría especial. Pero esta cátedra que iniciamos hoy, está llamada a que las generaciones vean cómo se llega al éxito para que lo puedan tomar en cuenta en su actividad”.

Fernández centró su discurso entonces en el factor de la “estructura de la personalidad de cada quien que es lo que influye en ese éxito. También en los maestros que uno tiene. En el caso del doctor Castillo, tuvo a los mejores de su tiempo. Pero oírle hablar a él tiene algo extraño por su dicción perfecta, y eso tiene que ver con sus maestros. Y siempre he encontrado fascinante de él su estructura argumental, lógica, que es el secreto de las cosas. Para ser abogado no basta conocer la técnica del código, sino cultura, por medio de la lectura, y eso ayuda a la organización de las ideas y a la reflexión, lo que lleva a hacer grandes presentaciones”.

El mandatario afirmó que cuando hoy en día debatimos sobre la educación, “estamos hablando de qué es y eso es enseñar a pensar. En el doctor Castillo encontramos un legado: contenido de lo que dice y la forma en cómo lo dice. Preservar ese legado digitalmente, colgar sus programas en una web, es importante, y que los estudiantes puedan acceder a eso para estudiar la forma, porque es algo inapreciable”.

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