
Las negociaciones en la OMC
y la República Dominicana
Por José Rivas Tavárez*
Las negociaciones en marcha en la Organización Mundial de Comercio (OMC) requieren de un proceso arduo y difícil y de un exhaustivo análisis de posiciones. Para la República Dominicana constituyen un desafío extraordinario porque toman fuerza precisamente cuando iniciamos la corrección de los desequilibrios financieros, y ciertamente avanzamos con el cumplimiento de los compromisos asumidos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Estas negociaciones persiguen aplicar el Programa de Trabajo de Doha, que abarca temas de agricultura, productos industriales (no agrícolas), facilitación de negocios, servicios y las normas comprendidas en ´anti-dumping´, salvaguardias, medidas compensatorias, etcétera.
Las perspectivas de la economía nacional parecen mejorar bastante, no así la situación presente y su impacto inmediato. Existen muchas dificultades en la economía nacional, lo que no permite continuar justificando el proteccionismo y las distorsiones en el comercio exterior. Esto demanda establecer un diálogo constructivo para corregir distorsiones de la política económica interna, pero al mismo tiempo requiere orientar la política comercial hacia una mayor liberalización y diversificación de los mercados internacionales.
En esas condiciones, la OMC puede aportar cambios en la situación del comercio mundial y por consecuencia en la situación nacional. El avance de estas negociaciones podría mejorar las ventajas del sistema de comercio multilateral e incrementar los flujos comerciales y eso llevaría a generar beneficios para los países en desarrollo, especialmente los menos adelantados y las economías pequeñas, entre ellos la República Dominicana.
Desde la Declaración Ministerial de Doha (2001), los participantes promovieron ideas de una Ronda de Desarrollo, cuyos plazos y oportunidades permitirían fortalecer las economías nacionales y mejorar el sistema de comercio internacional.
El optimismo ampliado de aquella ocasión no era compartido por todos. Ahora, cuando los plazos están cumplidos, y, desgraciadamente, los ajustes económicos no han sido completados, cuando además el fortalecimiento de la economía nacional es una tarea inconclusa, estamos obligados a enfrentar las negociaciones contempladas en Doha y, sobre todo, prepararnos para la próxima Conferencia Ministerial, que deberá realizarse en Hong-Kong, China, durante el mes de diciembre. Varios aspectos fundamentales constituyen el centro del trabajo.
Negociaciones agrícolas
En primer lugar, la agricultura continúa siendo un sujeto importante de las negociaciones. Beneficiada en forma extraordinaria por diversas formas de proteccionismos y subvenciones en distintos países, genera distorsiones en el mercado mundial de muchos productos, pero al mismo tiempo, crea repercusiones negativas orientadas hacia los puntos sensibles de la estructura productiva de los países en desarrollos.
Hasta el momento, el progreso de esas negociaciones puede evaluarse como lento. Varias cuestiones importantes han sido debatidas, todas ellas contempladas en el Anexo A de la Decisión del Consejo General del 1 de agosto 2004 (Paquete de Julio). Las discusiones sobre los temas relativos al desarrollo económico, el trato especial y diferenciado, las propuestas sobre fórmula de reducción arancelaria, la reducción de la ayuda interna, las preferencias, etcétera, forman parte del marco de estas negociaciones.
En el ámbito de acceso a mercado para los productos no agrícolas se mantienen importantes obstáculos al comercio y a la competencia. Los aranceles elevados (crestas arancelarias) y la progresividad arancelaria vigente en los grandes mercados de países desarrollados generan múltiples preocupaciones en los países en desarrollo.
A pesar del disfrute de preferencias comerciales, esa situación afecta especialmente las exportaciones de productos de la agricultura, los productos agro-industriales, las confecciones textiles y otras manufacturas, donde países iguales a la República Dominicana cuentan con ventajas comparativas en algunos renglones.
Por otra parte, estas negociaciones (NAMA) revelan una situación muy evidente en algunos países en desarrollo. Los altos aranceles aplicados en la realidad de “economías pobres” encarecen los procesos productivos y los costos relativos de sus exportaciones, reduciendo las perspectivas de aprovechamiento de los mercados internacionales. Obviamente, la reestructuración de la industria nacional es parte inseparable de las reformas internas y la liberalización del comercio.
En general, el trabajo ha avanzado, a pesar de las complejidades de las cuestiones sometidas a examen, el corto plazo para elaborar las modalidades de negociación y las sensibilidades políticas de los países desarrollados involucradas en discusiones. El objetivo ahora es establecer las modalidades que deben regir las negociaciones en este sector, tarea que debe decidirse antes de la Sexta Conferencia Ministerial de Hong Kong, pero cuya “primera aproximación” debe completarse para el mes de julio.
Facilitación de comercio
Esencialmente dos cuestiones están presentes en estas negociaciones. La primera es buscar un entendimiento para armonizar o aproximar la multitud de procesos y sistemas aduanales existentes en el mundo; y el segundo es reducir al mínimo indispensable, las regulaciones y documentaciones que los comerciantes deben enfrentar en las aduanas cuando realizan el comercio.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) estima a nivel global que entre un 4 y un 5% del costo del comercio corresponde a procesos, regulaciones y documentaciones innecesarias en las aduanas. Reducir esas distorsiones incrementaría las posibilidades de exportaciones para todo el mundo y contribuiría a mejorar los atractivos para la inversión extranjera directa.
El objetivo específico de estas negociaciones está orientado a mejorar y ampliar los textos de los Artículos V, VIII y X del GATT de 1994, con miras a agilizar el movimiento, el despacho de aduana y la puesta en circulación de las mercancías incluidas las mercancías en tránsito.
Las condiciones de acceso a mercados constituyen el centro de las preocupaciones en OMC, por lo que la liberalización progresiva del sector servicios es el objetivo esencial de las actuales negociaciones.
Una parte importante -cada vez mayor- del PBI mundial es generado por los servicios; la República Dominicana no escapa a esa tendencia, ya que ese sector aporta un 57% del producto. En ambos casos, los servicios han sido uno de los segmentos de mayor crecimiento del comercio internacional.
Los avances en las negociaciones del tema han sido calificados de pobres, a pesar de estimarse que los beneficios de la liberalización del comercio de servicios serán sustancialmente mayores que los estimados para el caso de las mercancías.
Los países en desarrollo no sólo están interesados en las negociaciones sobre el acceso a mercado en los servicios, sino que además persiguen negociar normas, incluyendo principios que brinden flexibilidad para sus sectores productivos.
Otras en proceso
Los temas de ´anti-dumping´, subsidios y medidas compensatorias constituyen lo fundamental de las negociaciones sobre normas. No obstante, también es necesario tomar en consideración el trabajo para completar las negociaciones de las Reglas de Origen (pendientes desde 1994), donde existen numerosas cuestiones sin acuerdo, además de sus implicaciones en otras partes de los acuerdos de la OMC.
Una idea agregada al proceso de negociaciones en su conjunto es que la liberalización multilateral basada en los objetivos de desarrollo de Doha tiende a neutralizar efectos adversos que, en materia de comercio e inversiones, crea la extraordinaria proliferación de acuerdos comerciales regionales.
Sin embargo, una apertura unilateral concebida como parte de un conjunto de reformas realizadas en concordancia con las instituciones internacionales de financiamiento puede contribuir a reducir desequilibrios y la excesiva protección arancelaria. De ese modo, esa apertura puede resultar interesante para los sectores productivos y el desarrollo nacional.
*El autor es ministro Consejero
de la Misión Permanente en Ginebra, Suiza
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