Análisis económico
¿Ya pasó el huracán o estamos en el ojo?

Existen algunos síntomas de que la economía aún no ha tocado fondo, pero también hay firmes indicios de que ya lo peor pasó. En concreto, tanto del contenido del Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) como de los más recientes análisis de la Unidad de inteligencia Económica de la revista 'The Economist' (EIU), se deriva que ya lo peor pasó; siempre y cuando no se produzcan novedades negativas. Sin embargo, nuestra hipótesis, que se refleja en este breve trabajo, es que existen serios riesgos de que ocurran eventos en los próximos meses que pueden profundizar la recesión actual.

Las perspectivas del FMI y el EIU

Según el acuerdo de la República Dominicana con el FMI, el decrecimiento económico durante el año 2003 promediará un -3%; pero como las tasas de crecimiento de los tres trimestres anteriores fueron 1.2%, -3.5% y -0.5%, respectivamente, esto implica que este organismo está esperando que la economía dominicana decrezca en un -9.2% durante el último trimestre de 2003. Mientras que la UIE pronostica un decrecimiento del -3.5% para el mismo periodo, y por ende un decrecimiento del -11.2% durante octubre, noviembre y diciembre del 2003.

El FMI también espera que la economía dominicana crezca un 0.5% durante el año 2004; lo que implica que espera que la actual recesión dure casi un año más. Mientras que el EIU predice un decrecimiento del -1.0% para el año 2004 y una recesión que durará unos 24 meses en total. En ambos casos se espera que la economía dominicana se encuentre en franca recuperación durante el año 2005, creciendo a una tasa cercana al 5% según el Fondo y a cerca del 2% según el EIU. Definitivamente, ambas instituciones, vislumbran una luz al final del túnel y no es el farol de un tren que viene a atropellarnos. Sin embargo, existe el riesgo de que ocurran eventos inesperados e impredecibles que podrían alterar el curso de estas tendencias.


Recesión + inflación = Estanflación

Formalmente, se determina que existe una recesión cuando el Ingreso Nacional decrece durante dos trimestres consecutivos. Cuando la recesión llega acompañada de alta inflación el proceso recibe el nombre de estanflación y está considerado uno de los peores escenarios económicos posibles, por lo difícil de manejar y corregir. Las políticas monetarias y fiscales que suelen utilizarse para dinamizar una economía recesiva empeoran el componente inflacionario de la estanflación y las políticas monetarias restrictivas que se utilizan para combatir la inflación tienden a profundizar y ampliar su componente recesivo.

La estanflación distorsiona complejamente los mercados y coloca a los hacedores de políticas de los gobiernos y sus bancos centrales en una posición 'perder-perder'. En la estanflación la recesión suele ser parcial, registrándose simultáneamente el decrecimiento de algunos sectores, como la producción de bienes, junto al crecimiento de otros sectores, como la producción de servicios. Si se trata de una economía relativamente abierta y la inflación viene acompañada de un proceso de devaluación, puede registrarse una contracción de las actividades que consumen divisas y una expansión de las que generan divisas. Esto representa un desafío enorme para las autoridades pues reciben señales mixtas y contradictorias sobre la economía que hacen muy difícil decidir qué políticas aplicar, en qué secuencia y en qué momento tomarlas. "Es el peor de los dos mundos" dicen muchos economistas.

¿Qué causó la estanflación?

Aunque las recesiones pueden tener causas internas o externas, la estanflación siempre es de origen interno, pues "la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario", como dice Milton Friedman, y quienes manejan las monedas soberanas son las autoridades monetarias de cada país.

Aunque esta recesión no empezó, técnicamente, hasta mediados de 2003, la chispa que la inicio fue el llamado "paquetazo" de medidas tomadas por el gobierno en enero de 2001, que trataron de aumentar agresivamente la presión tributaria y terminaron, como muchos pronosticaron, deprimiendo la economía en un -1.5% durante el primer trimestre de 2001 y luego en un -0.3% durante el segundo trimestre (aunque el Banco Central luego reportó una tasa de crecimiento del 1.8%, tras incluir los subsidios al sector eléctrico en sus cálculos). Esta "mini-recesión", aunque fue superada rápidamente, inició un proceso de desaceleración del crecimiento que eventualmente se convertiría en la recesión de 2003. La recesión se enfrento con una más agresiva política de gastos del Gobierno, financiada con deuda externa e interna, hasta que el sector público chocó con el sector privado en el mercado crediticio local y lo desplazó "crowding-out", causando la más grande crisis de liquidez del sistema bancario en la historia contemporánea dominicana.

En el ámbito microeconómico, los clientes de los bancos venían enfrentando altas tasas de interés y crecientes impuestos junto con sensibles bajas en sus ventas, lo que se traducía en crisis de solvencia para muchas empresas y eventualmente para los bancos que las financiaban, sobre todo para los más vulnerables.

Mientras que en el ámbito macroeconómico, el gobierno aumentaba sus gastos anualmente entre un 20% y un 25% y sus ingresos fiscales solo aumentaban entre el 6% y el 8%, manteniendo los déficit a niveles cercanos al 2% del PIB, hasta que explotó la bomba de liquidez y el Banco Central decidió intervenir radicalmente e incurrir en un déficit cuasi-fiscal del orden del 3%, y llevó los niveles del déficit fiscal real del Gobierno hasta más de un 5%.

Al finalizar el año 2003, nos encontramos entonces con la situación inversa a la que existía cuando se inició la crisis, con una burbuja de liquidez de unos 100 mil millones de pesos inorgánicos, en lugar de una crisis de liquidez; excedente éste que aunque ha sido esterilizado parcialmente por Certificados del Banco Central, ha inflado las demás variables monetarias considerablemente.

Desde noviembre de 2002 hasta noviembre de 2003, el M1 aumentó en un 85%, M2 en un 74%, la emisión monetaria aumentó un 115%, el preció del dólar en un 145%, la inflación en casi un 40%, y la moneda se devaluó en un 60%.


Características de la actual estanflación:

En el ámbito sectorial, la presente estanflación se caracteriza por varios elementos que la diferencian de una recesión típica. Esta recesión no es total, es parcial, y está localizada en ciertos sectores específicos; afecta más a los productores de bienes que a los suplidores de servicios y perjudica más a los consumidores netos de dólares que a los generadores netos de dólares; y la crisis financiera que ha acompañado esta crisis ha descapitalizado a muchos accionistas de varios bancos y le ha transferido recursos reales a los depositantes, mientras que la inflación causada por la intervención del Banco Central en garantizar los recursos de los depositantes de los tres bancos en problemas, le ha erosionado el valor real de los balances de todos los depositantes del sistema, así como el poder adquisitivo de toda la población, a favor de los prestatarios, que ahora podrán pagar los recursos que habían tomado prestados en pesos depreciados y devaluados.


Aporte Sectorial al Producto Interno Bruto
Enero - Septiembre del 2003
(en orden de importancia)

En otro orden, aunque esta crisis se inició como un evento coyuntural, al desestabilizarse las estructuras, se ha convertido en una crisis estructural, que ha acelerado el agotamiento de un modelo económico y precipitado y el advenimiento de uno nuevo.

Características principales
de estanflación actual:

  • Aunque un 40% de la economía sigue creciendo, el ingreso y los beneficios de un 60% de la economía ha caído agudamente, erosionando la confianza en el Gobierno, sus políticas y el futuro a corto plazo.
  • El alto nivel de inflación ha erosionado los ingresos reales de la mayoría de la población, deprimiendo la demanda de bienes y servicios y en consecuencia aumentado la capacidad productiva ociosa y el desempleo.
  • El desempleo también ha aumentado en los sectores decadentes debido a los despidos hechos para reducir costos.
  • Han disminuido las inversiones en capital fijo en los sectores decadentes porque no existe la demanda necesaria para justificar nuevos proyectos.
  • El comercio mayorista y minorista está liquidando inventarios, ofreciendo fuertes descuentos de precios, lo que atenúa la inflación pero no significativamente, debido a la alta inflación.
  • La disminución del ingreso real y el consumo ha deprimido la demanda de productos importados.
  • Ha aumentado exageradamente endeudamiento público.


¿Qué políticas aplicar?

En nuestro país el crecimiento es la norma y las recesiones son las excepciones; y la estanflación es una excepción dentro de las recesiones. La pregunta clave que tenemos que hacernos no es cómo podemos salir más rápido de la recesión, sino como podemos salir mejor. Se puede salir rápido de una recesión, como salimos de la de 2001, pero sólo para volver a caer en otra, aún peor, como caímos ahora. Lo importante es propiciar que de las cenizas del modelo anterior salga un nuevo modelo, pero mejor al anterior, que le proporcione el mayor número de oportunidades de crecer y progresar hacia sus metas individuales al mayor número de personas posible y al menor costo posible para todos.

Entonces ¿qué puede hacerse concretamente? Obviamente, al tratarse de una estanflación no se pueden tomar las medidas contracíclicas usuales. La receta keynesiana de inducir la demanda también provocaría más inflación y la receta monetarista de frenar el crecimiento monetario también frenaría la economía y el empleo. Si se optara por la solución monetarista habría que decidir si es mejor frenar la economía lentamente y prolongar la recesión y un mayor desempleo o si es preferible frenarla abruptamente y acortar la recesión pero a un costo de un mayor desempleo. De todos modos la solución es dolorosa, las opciones son entre un dolor más fuerte por menor tiempo o un dolor menos fuerte durante más tiempo. Pero aunque el dolor es irremediable, porque es el pago inevitable por los excesos anteriores, existen políticas económicas complementarias que pueden atenuar el dolor y acelerar la recuperación económica como las medidas de política económica "ofertista" también llamada del "lado de la oferta" o de "supply side".

Contrario a las políticas keynesianas encaminadas a inducir la demanda, las políticas económicas ofertistas asumen que la estanflación es el resultado de la merma creativa de los capitalistas debido al fiscalismo y los altos costos de la tramitología de los gobiernos, incluyendo la corrupción. En este contexto, un paquete de medidas "ofertistas" a la dominicana podría incluir un agresivo plan de austeridad para conjurar el déficit fiscal y bajar los impuestos para que las personas y empresas descapitalizadas puedan recapitalizarse aceleradamente. En este sentido, por ejemplo, podría abolirse el anticipo del 1.5%, el impuesto del 0.15% a los cheques, el 2% a las importaciones, el 5% a las exportaciones y el recargo cambiario del 10%. Podrían suprimirse también los impuestos que entorpecen la acumulación de capitales, sobre todo los impuestos a los dividendos y a los intereses, al patrimonio y a las ganancias de capital y a las sucesiones y donaciones. También podría bajarse el ITBIS al 10% y aplicárselo a todos los bienes y servicios, bajar el arancel máximo a los productos terminados al 10% y aplicarle arancel cero a todas las demás importaciones, y bajar el impuesto sobre la renta al 10% y aplicárselo a todo el mundo, sin excepciones, pero solo sobre los beneficios generados en el país. Un paquete de medidas como éstas, de austeridad fiscal, control monetario y liberación de las fuerzas productivas de la nación, revertiría el proceso actual, propiciaría el relanzamiento económico y generaría las riquezas, empleos e ingresos que necesita la gente para recuperarse y comenzar a progresar de nuevo.


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